Comentario Editorial de Marco Tolama, 24/03/2016.

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La herida sigue abierta y como otras, quizá nunca sane del todo. Presente en la mente de la comunidad de la Fórmula Uno y los aficionados está la perdida de Jules Bianchi. El Automovilismo Deportivo no está preparado para perder otra vida, nunca lo estará, pero la posibilidad de que esto suceda se mantiene latente. Los autos tipo Fórmula son fuertes y cada vez más seguros; sin embargo, las velocidades a las que se mueven los hace frágiles, peligrosos. El accidente del cual salió ileso Fernando Alonso es un testimonio al gran trabajo que se ha hecho para evitar, en lo posible, que un piloto se lastime o pierda la vida y sucesos del pasado son ejemplo de lo lejos que se ha llegado. Dos de ellos, el de Gilles Villeneuve en 1982 y Martin Brundle en 1996, tuvieron diferentes desenlaces, pero son clara muestra de cómo ha evolucionado la protección en la cabina del piloto. Por haberse montado sobre la llanta de un auto competidor, Villeneuve perdió la vida; pero de la misma forma, aun a la misma velocidad y con la misma violencia, Brundle y Alonso sobrevivieron. Qué bueno que así haya sido.

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